meta name='verify-v1' content='pwiMUB28RJ4hiCr1EXENhHkHqJz4luG0BcIKSmW7UJk=' /> penelope en el paraiso: LA TORMENTA DEL AÑO

domingo, 9 de febrero de 2014

LA TORMENTA DEL AÑO



Llegó hace 4 meses. No sin previo aviso, llevaban informando en todos los medios de que iba a desembocar en estas costas en unos cuantos meses, y los lugareños se habían preparado convenientemente mediante consejos de otros que lo habían vivido reciente o antiguamente, leyendo informes sobre el tema o sobre los medios de protegerse si las olas invadían lugares inapropiados. Se habían incluso abastecido con víveres, ropas, objetos varios y hasta habían acondicioneado lugares apropiados para que las olas pudieran pasar sin hacer demasiados estragos. Iba a llegar la tormenta marítima más importante del año.
La espera era vivida con un cierto temor pero con la vana ilusión de que todo estaría bajo control y en caso de no estarlo de que se habían preparado las medidas oportunas.

Y una noche llegó. Primero fue un viento cálido para la época del año en la que estábamos, luego empezó a llover, era hasta agradable, todos sentíamos una intensa emoción, miedo, esperanza...Se fue haciendo más intenso. Llegó tal y como habían pronosticado: imparable, arrebatadora, infalible. Fue realmente bello verla llegar.

Lo más fuerte vino después. Los vientos se hicieron más intensos de lo esperado y como verdaderos huracanes llegaron a revolver hasta los últimos cimientos de las casas del pueblo, los techos volaban por los aires. Los objetos también. Golpeaban a diestro y siniestro, se desbarató la pequeña ciudad costera. Y no terminaba la tormenta. Hubo que organizarse. Se dormía poco y mal, y al día siguiente se tenía uno que enfrentar a nuevas olas y nuevos vientos, inagotables, salvajes.
Aunque al principio la población estaba fuerte y animada, las fuerzas iban decayendo día a día, mientras desde los países cercanos llegaban mensajes de ánimo y muchos consejos que poco servían, las más de las veces.
La tormenta era más grande y duraba más de lo predicho. Tuvo que comenzarse un orden diferente de vida para poder sobrevivir: se organizaron patrullas diurnas y otras nocturnas para estar en guardia todo el tiempo. Unas se encargaban de aportar las provisiones, otras ejercían la organización y el mantenimiento del pueblo; se dejaron de hacer las actividades más cotidianas que antes solían realizar los lugareños. Apenas había tiempo para nada que no fuera atender las necesidades para la propia supervivencia.

La vida cambió radicalmente y todo giraba en torno a la tormenta.

Llevan ya así, como digo, 4 meses.
Dicen los entendidos que todas las tormentas amainan con el tiempo y que tiempo después de la lluvia y sus estragos, llega el esplendor y los campos se vuelven más verdes que nunca. Se equivocaron en un pequeño detalle: aquello no era una tormenta exactamente. Era un tsunami.

Las radios de esa localidad costera hace tiempo que no retransmiten nada a las radios del resto del mundo. Pero todos saben que es temporal. Les están esperando.

Los del pueblo asoman las cabezas de vez en cuando al exterior de sus escondrijos y aunque siguen llegando olas y rugiendo el viento, les invade la inmensa sensación de una belleza salvaje y poderosa.
No se esperaban algo de tal embergadura.

La vida real había superado las previsiones.




El cuadro es un fragmento del lienzo "Maternidad" de G.Klimt.

3 comentarios:

El tío la Vara (Oshi) dijo...

Precioso. Precioso. Precioso. La metáfora más linda (y real) que se pudiera imaginar. Deseo con vehemencia que en lugar de un artículo por año me encuentre con un artículo al mes, por lo menos. Ya, ya sé que es difícil escribir bajo la tormenta.
Beso.

Penélope dijo...

Jejejejeje, cómo lo sabes, Oshi.
Lo intentaré.
Ya sabes que mientras tú escribas, yo no decaigo.

Besico.

Rocio dijo...

Disfruto muchísimo del arte y de la pintura y por eso esta buenísimo poder disfrutar de esto. Siempre averiguo por el arte que hay y por eso voy por todo el mundo conociendo distintos cuadros. Asi es como pude conseguir viajes a cancun