meta name='verify-v1' content='pwiMUB28RJ4hiCr1EXENhHkHqJz4luG0BcIKSmW7UJk=' /> penelope en el paraiso: UNA HABITACION DE HOSPITAL

martes, 1 de septiembre de 2009

UNA HABITACION DE HOSPITAL


La oscuridad me arropaba como una madre, y aunque la habitación era desoladora (una vieja cama de hospital maltrecha por los años, dos toallas limpias a sus pies, un aparador triste lleno de papeles emborrononados y algún bolígrafo olvidado ya sin tinta, una lámpara de aluminio rota reparada con esparadrapo, paredes descorchadas y una rejilla justo encima del espinazo por donde salía una aire helador), tuve todavía un rato para acurrucarme entre las sábanas y taparme con 3 viejas mantas de lana que llevaban bordado el logotipo del hospital. Eran las 4 de la mañana. Desde fuera llegaban los sonidos de las enfermeras que transitaban por el pasillo, las alarmas de los monitores y ruidos inconexos varios que no lograba identificar. En la paz relativa de ese mi agujero personal por esa noche, logré relajarme por fin unos momentos, aflojar los músculos, cerrar los ojos y dejarme llevar.

Y de pronto sentí.
Súbitamente.

Unas inmensas ganas de llorar, una soledad abrumadora, emociones retenidas, la sensación de no saber hacia dónde iba mi vida o de dónde quería que fuera.
Lloré como hacía tiempo que no lo hacía, a borbotones, rezando para que la enfermera no llamara a mi puerta en ese momento para interrumpir ese estado sagrado en el que el hombre conecta a veces consigo mismo, en el que se le permite flaquear y dejar la rigidez a un lado, en el que afloran a la conciencia, y a los ojos emociones bien guardadas durante el día cuando las fuerzas te mantienen alerta y en lucha.
No sé muy bien por qué lloré. Pero sé que me hizo mucho bien.
Creo que me quedé dormida después.

Hasta que sonó la puerta y me levanté desorientada. “Clara ha vomitado 2 veces, le pongo un zofrán?”. “Sí, pónselo”. “Eduardo sigue nervioso a pesar del haloperidol, te lo digo por si su enfermera viene luego” “De acuerdo, si no se calma, que me llame. Alguna otra cosa?”. “No, todo está bastante tranquilo”. “Gracias”.

Acto seguido fui al baño y al encender la luz me vi en el espejo. Menudo susto.
Llevaba el rímel corrido, unas ojeras hasta Cuenca, y el pelo revuelto. “Si no se ha infartado al verme, es que es de piedra”.

Me volví a la cama y me quedé profundamente dormida.

Había que reponer fuerzas.
Que a las 9 era el pase de guardia.

Y 20 pacientes críticos que contar.

3 comentarios:

Nuareg dijo...

Ante los sentimientos expresados sin censura, ante una estampa tan desnuda, como la habitación que describen, y que también yo una vez habité, es complicado hacer algún comentario, pero quería hacerlo.
Llorar es bueno muchas veces. La Naturaleza es sabia y los cuerpos de los animales, nuestros cuerpos, siempre hacen las cosas por algo.
Cada uno tiene sus motivos, y muy suyos son, vive Dios. Muchas veces es peor reprimir lo que llevamos dentro que dejarlo que fkuya en forma de desahogo. Sí es cierto que en ocasiones no es el lugar en el que acontece más el apropiado.
Somos humanos, por suerte.

Un sonrisa.

Penélope dijo...

Hola Nu!!! Gracias por el comentario. Creo que estar rodeada de gente muy, muy malita también influye. Para los que no sepan de qué estaba hablando cuando escribí el post, diré que se trataba de una guardia de la REANIMACIÓN, una UVI de 22 camas, que llevamos los anestesistas. Enfrentarse cara a cara, tan crudamente, con la debilidad física y con tan tremendos dramas humanos, tiene que afectar de alguna manera. (También cuenta que estaba la luna creciente, las hormonas que no perdonan, y bla, bla.). Parece que no, pero estoy segura de tanta enfermedad afecta aun sin que te des cuenta.
De todas formas, la REA, lugar que tú conoces bien, es un lugar que me encanta para trabajar. A pesar de lo duro que es. Se puede hacer una gran labor, y no me refiero sólo a tratamientos y pruebas diagnosticas correctas, sino a algo más humano también.
Me encanta el contacto con los pacientes críticos. Ese, que tenía tan olvidado en el quirófano, en el que las relaciones son tan efímeras.
En la REA, te encariñas con todos.

Aiñññ...

Bueno, guapo.
Un besico.

Nos vemos de verde, por los pasillos asépticos (asépticos?) de nuestro hospital.

Turulato dijo...

Dame un abrazo. Me gustas así