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miércoles, 1 de agosto de 2012

EL GRAN GATSBY (O de cómo la fútil moda lleva a la literatura)




Los locos veinte, la moda del fox-trot, el jazz y el bob-cut. La elegancia, la alegría. La despreocupación. Los ...preciosos, preciosisimos atuendos que se llevaban en esa época y la decoración art decó propia de esos años es lo que (sí, lo confieso) me ha llevado hasta "El Gran Gatsby" (F.S.Fitzgerald, 1925) novela ambientada en New York en 1922 y que (dicen) retrata maravillosamente el espíritu de una época.
Y de paso, y como no podía ser de otra forma, me ha llevado también a Hemingway, Steinbeck, Faulkner, Dos Passos....en fin. ¿Cómo lo llaman? Asociación de ideas, creo...
Me fascina leer por temas, y como todo en la vida, la cosa es empezar algo y por el impulso que sea; se comienza interesándose una por las faldas de flecos de las flappers....y se termina con unas ganas inmensas de sumergirse en la "generación perdida", grupo de escritores de principios del siglo XX cuyo nombre se debe a una dama llamada Gertrude Stein, que, a mí, que no la conozco, me cae especialmente gorda.

A priori y si uno se queda en la superficie, El Gran Gatsby (considerada como un"clásico intemporal, una de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX") puede parecer sólo una novelica fácil de leer, sin mucha miga y con un dramatismo algo artificioso. Sí, lo confieso. También a mí me lo pareció tras cerrar la última hoja.
Pero...me puse a escribir este post y conforme iba desgranado mi pensamiento, analizando la sociedad a la que hace referencia, comencé a verla desde otra perspectiva.

Al principio, la afirmación de que esta novela es "el retrato más preciso de la Era del Jazz", como reza el prólogo de la edición Paréntesis que yo leí, me pareció algo exagerado. La locura de idas y venidas, fiestas locas, el champán corriendo a raudales, toda la gente ociosa con todo el tiempo del mundo, sin oficio ni beneficio pero con mucha guita...y la que ha montado el protagonista en su vida solo para llamar la atención de la chica...oye, qué quieres que te diga, lo que parece es novelero, nada más. Si nos atenemos a los tópicos España también está llena de flamencas bailando por las calles y todos sabemos de toros y somos los primos ricos de los mexicanitos de las películas según el imaginario colectivo americano.

Que esa época fue o mejor dicho, parecía ser, una buena época para América nadie lo pone en duda. Que se progresó de manera exponencial en la industria, apareciendo la producción en cadena e influyendo notablemente en la creación de puestos de trabajo, en la auto-confianza ciega nacional que eso mismo generaba, sí. Que se popularizó lo que actualmente llamamos caseramente "salir de juerga", las faldas cortas, el alcohol, la radio, la música, el uso de electrodomésticos y coche no solo por lo ricos sino por la clase media y que se pusieron en marcha toda aquellas cosas (buenas y no tan buenas) que han hecho de esta sociedad la que es hoy, por supuesto. Que el protagonista es el paradigma de cómo un hombre podía llegar a enriquecerse en América si se lo proponía, también.

Pero no nos olvidemos que "algo olía a podrido en los EEUU" y que se puso de manifiesto sin piedad en 1929.
Ninguna sociedad hasta el momento puede enriquecerse tan rápido sin pagar un precio por ello.
Se abogaba por el triunfo del esfuerzo como camino a la riqueza, pero paradójicamente muchas veces el enriquecimiento no venía de causas tan loables como el esfuerzo sino de caminos que justamente significaban lo contrario: el dinero fácil, como el simple hecho de la compra de acciones por prácticamente cualquier miembro de la sociedad (con los préstamos, claro está ,de los agentes de bolsa que a su vez pedían prestado a los bancos, ayudando así a crear una burbuja especulativa que les estallaría como una bomba), o de asuntos, digamos algo turbios como el tráfico de alcohol, o en algunos casos era solo algo ilusorio: una familia media que de pronto veía que le habían subido el sueldo al hombre de la casa e inmersos en el fervor colectivo de triunfo de un país y sin querer perderse su trozo de pastel se lanzaban a comprar a plazos y mediante créditos, con el dinero que no tenían, todo aquello que se creían que tenían derecho a tener, endeudándose hasta las trancas por el camino.

Y por favor, no nos olvidemos de "la otra América". Siempre hay otra América. Siempre hay otro lugar que no es tan popular, en todas partes. Me estoy refiriendo a todas esas personas que no lo pasaban tan bien, y no solo hablo de la clase media-baja, la que estaba tan al límite que incluso con la venta a plazos no se podía comprar el popularísimo Ford T y llegaba justa a fin de mes, sino en los que emigraban a las ciudades porque se comían los mocos en el campo, o los que venían de allende los mares al reclamo del "American Way of Life". Hablo de los suburbios de las ciudades, hablo del bajo-mundo de la inmigración, hablo de los pueblos miserables del Mid-West.
Pero vamos a ver: que el paro se situó en un 3 y pico % la cifra más baja de la historia de América está muy bien. Pero hay que leer al revés los datos si queremos de verdad ver la realidad hasta los rincones: ese 3 y pico % de paro (un éxito a todas luces de las estadísticas) suponía...13 millones de parados. Que se dice pronto.
13 millones de personas en el país más exitoso del mundo las pasaban canutas para echarse a dormir por la noche con el estómago lleno. 13 millones de personas que ni remotamente hubieran podido acceder ni a años luz de distancia al fantástico (y vacío) mundo de lujo y despreocupación que se nos ofrece en esta novela.
Con lo cual, a mí no me vale que se me diga que esta novela es el mejor retrato de la época de un país.
En honor a Fitzgerald, si consideramos los simbolismos que esta novela pudiera encerrar, es el pobre Wilson, el gasolinero, el que se acerca al retrato de "esa otra sociedad" a la que hago referencia, y es precisamente él el que "se come" con el corazón herido de un dolor insoportable, con la rabia y el rencor por bandera, el que destruye, en un ataque de desesperación, al hombre rico que le ha hecho daño. Sin embargo no es nada nuevo: que el rico usa al pobre y lo pisotea es una canción universal. Que el pobre necesita al rico a la vez que lo odia, también. Parece un personaje secundario, pero al final es el que cambia el destino de Gatsby (o igual su destino ya estaba marcado por el fatalismo), y es, por tanto, el símbolo de toda esa sociedad que está abajo. La que no puede acudir a las fiestas, la que oye la música desde la distancia, la que resiste con extremo esfuerzo cuando las cosas van bien y agoniza cuando las cosas van mal.
Pero se queda en eso, en un símbolo.

Otra cosa que me deja perpleja de continuo es la constante referencia en los anales de la Historia a la alegría de vivir, la falta aparente de preocupaciones, el entusiasmo reinante en el ambiente de la que todo el mundo habla cuando habla de esta época de los EEUU. Si quieren mi opinión, la imagen de la sociedad que se nos ha mostrado siempre no es, si la miras en profundidad, la de una sociedad alegre. Por Dios. Es la de una sociedad en huída. Una sociedad traumatizada por la guerra que ha conmocionado al mundo, por el sufrimiento vivido, que solo quiere borrar. Borrar y olvidarse, y este comportamiento frenético y vacío que impregnó estos años poco tiene que ver con el ejercicio de la verdadera alegría de vivir. La “felicidad” es una cosa bien distinta a este desenfreno reinante y a esa ansiedad del enriquecimiento rápido y del consumismo a cualquier costa que invadió los hogares de este país.
Y esta novela, que aparentemente trata de eso, de la felicidad, la despreocupación, la fiesta por bandera, el progreso por derecho en la escala social y que enfatiza mucho en todo este ritmo de vida, lleva implícito a su vez como la otra cara de la misma moneda todo eso a lo que me refiero: la falta de verdaderos valores, de verdadera satisfacción por vivir, de compromiso personal, de la innecesidad del esfuerzo por llegar a lo más alto.
Y eso lo ha hecho Fitzgerald con tanta sutileza que corre el riesgo de no ser visto a la primera lectura.
La facilidad de subir en el escalafón social parece estar a la orden del día en estos tiempos, pero la constante negativa de aceptación de Gatsby a ser considerado uno de ellos por parte de las "clases altas de toda la vida" es otra constante en esta novela de la cruda realidad de una sociedad en la que todo lo que se prometía no era verdad.

Quizá la luz verde que Gatsby ve todas las noches al otro lado del embarcadero, y que nace de la casa de Daysy, no sea sino la melancólica esperanza de un futuro mejor, que parece estar aquí, pero no llega nunca. (Podría pasarme horas hablando de la luz verde, pero no voy a matarles de aburrimiento)

Así, que mis queridos lectores (pero…¿hay alguien ahí?) para mí, los “felices 20” no fueron tan felices, sino solamente lo aparentaron. Ni todos eran tan felices, ni iban tan bien las cosas y el "sueño americano" se acabó de golpe un 24 de Octubre de 1929. Fecha en la que el lustroso jarrón de oro brillante de América se cayó al suelo rompiéndose y mostrando toda la porquería acumulada que llevaba dentro.


Por todo esto, esta novela significa mucho más por lo que no cuenta que por lo que cuenta, y corre el riesgo de ser considerada una novela dramatica sin más si uno no se para a descubrir los símbolos y significados que encierra y se queda solo en la superficie de una historia que habla de una sociedad que huele a perfume caro y licor del bueno, pero que guarda mucho polvo en las alacenas.

Pero parece ser que ha dado para rato El Gran Gatsby.




Las fotos del post son de diferentes webs sin copyrigth .
Los fotogramas pertencen a la versión de Jack Clyton, 1971, de "The Great Gatsby", para mí la única, la mejor y la que ya siempre pertenecerá a mi imaginario personal.
Gatsby es a Redford como Redford es a Gatsby...

lunes, 30 de noviembre de 2009

VIOLENCIA, ACCION Y SABER HACER


Cuando ya piensas que en esta España de palmas y pandereta, el cine se ha quedado definitivamente monopolizado en su mayor parte por horteras, mediocres, zafios, consagrados enquistados y algún que otro buen director que de vez en cuando nos regala algo bueno, generalmente un dramón social de tintes lacrimógenos, aparece una brisa que refresca y que te anima a no dejar, definitivamente, de ir a ver cine español.

Resulta que sí. Que aquí, en el pueblo, también se puede hacer cine de acción del de verdad, no del que se queda en un mero y patético amago de emulación de una pelicula de acción.

Y esa pelicula es celda 211. Un descubrimiento. Lo que me animó a ir a verla fue la garantía de la presencia de su protagonista, Luis Tosar, pero, sencillamente, me ha dejado impresionada. Está que se sale en su papel de "malamadre", antológico, creíble y temible, y dudo que nadie más hubiera podido adecuarse como él a este papel. No les voy a contar, no les voy a contar...porque si no se la chafo. Yo la fui a ver sin saber absolutamente nada de la trama, y es como la disfruté de lo lindo. Aparte de un guión arrebatador, imaginativo, original, y atrevido, se encuentra una una trama imparable, en crescendo, impactante y que te deja pegada al sillón, y con una interpretación de los actores, estupenda en su mayoría. Que salga Antonio Resines es un daño colateral, que no obstante, aun haciendo de sí mismo, como siempre, termina por interpretar correctamente su papel. Alberto Amman, el coprotagonista, ha sido un descubrimiento, y el duo formado por él y por Tosar funciona. Hay química.

Bravo por Daniel Monzón, bravo por Jorge Guerricaechevaría, bravo por las interpretaciones de Luis Zahera (impresionante en su papel de heroinómano pasado), de Vicente Romero como el confidente inquebrantable de malamadre, de Carlos Bardém, Fernando Soto, de un siempre confiable Manuel Morón, y bravo por Luis Tosar sin quien esta magnífica pelicula no hubiera sido, aun con todo lo que lleva detrás, lo que es.

Y que se convierta en éxito de taquilla.
Se lo merece.

Oh...yes..."we can"....


Poster: http://www.celda211.com/

jueves, 19 de noviembre de 2009

FRIENDS DON'T LET FRIEND DRINK FRIENDS



Me llamaba mucho la atención la famosa saga de vampiros guapetones enamorados de inocentes muchachitas humanas del siglo veintiuno. Así que, como si de una adolescente se tratase, me dispuse a ver "Crepúsculo" en la caja tonta.
Siempre me han gustado los vampiros. No los reales, esos que chupan la energía positiva y se aprovechan de tu buena fe.
No.

Los de leyenda. Los que te muerden en el cuello y te provocan una sensación de dominio hipnótico ,con su elegancia seductora, con su exquisita y poderosa presencia de la que no puedes (ni quieres) escapar.
Ese sentimiento mezcla de miedo y placer, de dolor y gozo es la naturaleza misma del DESEO.
Que se lo pregunten a Freud...que con tanto psicoanálisis ya podría haber escrito un librito sobre "los vampiros y la fascinación que ejercen en las mujeres".

Pues bien: menudo bodrio, por-favooor!!! Esa familia excéntrica y venida a más, que vive en una mansión moderna último modelo, que se compra muebles fashion, y que escucha a Debussy...que se hacen llamar "vegetarianos" y no tienen camas en sus cuartos, ni van a restaurantes y que en sus ratos libres juegan al beisbol a cámara rápida...me dejó fría.
El guión es aburridisimo, repetitivo y totalmente predecible. Y ni la belleza del protagonista me lo hace soportable: un chico modernito, con una mirada profunda (motivo por el cual ganó el casting),que es lo único que sabe hacer delante de una cámara, terminó por desquiciarme.

Jooo, con tantisimo dinero invertido, no podrían haberse currado lo que más importa: el guión y las interpretaciones, un poquito más???


Películas como "Entrevista con el vampiro", "Drácula" de Bram Stoker, las muchas de Cristhopher Lee o el mismísimo "Nosferatu" son grandes joyas de la cinefilia vampírica, que aterrorizan , enganchan y crean una belleza morbosa sin igual.
Hay otras muchas mediocres que han pasado sin pena ni gloria por los cines del mundo, pero la fama mediática de "Crepúsculo" y, me temo, la intragable saga que viene después se ha alzado con una fama inmerecida y conseguida a base de dinero y marketing. Marketing y dinero. Y muy poco talento. Aunque la fotografía sea la hostia.
Eso sí, es una película que crea monstruos: los niñatos carentes de toda credibilidad interpretativa que de la noche a la mañana se convierten en estrellas del Olimpo capaces de provocar desmayos y sueños húmedos a los adolescentes sin criterio de medio mundo. Y que suelen terminar así, fashion victims, atontaos, snifaos en fiestas de alto standing y medio desorientaos. Eso sí, ricos. Muy ricos.

Los vampiros no desaparecerán. Y se seguirán haciendo pelis sobre estos curiosos seres. Algunas, siguen siendo fantásticas. La última adquisición: "True blood", la serie que la Cuatro comenzó a emitir a horas intempestivas y que no puedo seguir por el mismo motivo que no puedo tener perros: por mis también intempestivos horarios profesionales.
Se la recomiendo encarecidamente.

Y que vivan los vampiros.

Los de leyenda.

lunes, 2 de febrero de 2009

LOS GOYA



O ese extraño fenómeno del mundo de la cinefilia patria que cada año se sigue vistiendo de un saborcillo carca a pesar de querer parecer muy progre. Lo cómico no pasa de ser patético. Lo glamouroso se queda en pasable, cuando no en ostentoso y hortera. Y el intento desesperado de crear dinamismo en la gala se ahoga en un rictus estático y robotizado que abuuuuuurreeeeeeee.

Menos mal que este año el señor Corbacho sólo paseó su buscada horterez de trajes imposibles y chistes de mal gusto en un único sketch. El resto del tiempo, fue esa gran actriz, Carmen Machi, quien intentó, sin conseguirlo, poner algo de sensatez en una ceremonia que está maldita por no sé qué designios maléficos.



De nuevo se lamió el lugar donde la espalda pierde su casto nombre a figuras de renombre internacional como Benicio del Toro y la omnipresente Penélope Cruz. España sigue perdiendo los papeles y babea ante todo lo que triunfa fuera. Porque vamos a ver: ¿De verdad, con la mano en el corazón, es Penélope la mejor actriz de reparto de todas las interpretaciones que ha habido en el cine español a lo largo de este año?? Que baje Dios y lo vea.


Y ese Benicio,al que no dejaban de echar piropos como si no hubiera otro actor más guapo y mejor, que como che no tiene precio, pero que parecía alelado cuando subió a decir su discurso, me dejó patidifusa. Algo que me inspiró un sentimiento tipo: “tío, estás buenísimo, pero la has jodido al hablar. Estoooooo.....me voy al baño, sabes? es que no me aguanto.”, típica excusa para librarte del tipico pelmazo de la fiesta. Dios mío, cuántos mitos se caen en cuanto hablan. Y dicen que los actores son intelectuales...


Las divas parecen no saber caminar en sus tacones sin una rigidez ridícula por miedo al batacazo, y hasta para decir dos frases, sigue habiendo quien se equivoca (y, suelen ser actores, es lo que más gracia me hace). A Alberto San Juan parece que le han dado un bono en la gala, a él y a su afectada forma de hablar. Menos más que este año nos libramos de la arenga anti-guerra y se limitó a decir, gracias a dios, dos frases. Los besos en la boca no pueden faltar, por Dios, cuando ya a nadie impresionan y el ingenio de la novedad brilla por su ausencia.


Lo de la presidenta es de risa. Parece que siempre tiene el trasero escocido y su expresividad al leer un papel es parecida a la de un pato con gripe mirando un cuadro. Pero a ella se lo vamos a perdonar. Carece de la maravillosa cualidad de la “interpretación”, puesto que no es actriiiiiz.


España cuenta con buenos guionistas, unos más conocidos que otros. Películas que lo avalan, haberlas hailas. Entonces...por qué los Goya parecen un guión de terror de tercera cada año, en los que la imposibilidad de hacer algo brillante e ingenioso nos decepciona cada vez y nos deja perplejos a propios y extraños??


Las caras de los invitados lo dicen todo. Caras de aburrimiento, de hastío, de “por dios que acabe ya o en su defecto que-me-saquen-un-primer-plano-que-estoy-estupenda”, me confirman que todos están pensando en la juerga posterior. Y hacen bien. Después de la tortura, el fiestón. Unas rayitas, unos cubatitas, unos cuantos mutuos e hipócritas halagos empalagosos, y unas cuantas más puñaladas por la espalda, un “a ver si pillo a esta” o “si le lamo el culo a este otro para que me contrate” y entre risas y gruñidos, sonrisas falsas y envidias contenidas, qué estupendos somos y qué contentos estamos todos de habernos conocido.


En fin: es lo que hay. No da pa’más. Este es nuestro mundillo del cine español.
Menuda panda. Así nos va.
Y algo que me repatea profundamente: que Carmen Machi se atreva a hacer un comentario irónico y despectivo acerca de la creencia en Dios y lo ridículo de la misma, así, por toda la jeta, y que la gente le ría la gracia, es lo más. Que yo sepa ser actor no está reñido con ser creyente o ser católico (aunque la moda dicte lo contrario). El respeto que toda esta gente grita a los cuatro vientos cuando puede, deberían aplicárselo, en primer lugar a lo que ellos se atreven a despreciar con tanta desfachatez.


¿Qué?
¿Que soy muy crítica??
No, hombre no. Solo hago un favor a la sociedad embrutecida y borreguil que nos rodea. Y por hacer de abogado del diablo, que falta hace. Ni la alfombra verde será nunca como la roja de los Oscars, ni Penélope es la gran actriz que todo el mundo se empeña en repetir, ni los Goya ni muchos de los payasos que participan en el evento de marras conocen todavía eso que tan desesperada y afanosamente se empeñan en poseer: el Glamour.
Y ya ven que de cine, lo que se dice de cine, no he hablado. Porque eso, se lo dejo a los entendidos. Pero es que hay mucha morralla que le sobre al cine español.

sábado, 13 de septiembre de 2008

CHE, EL ARGENTINO

" Guerrillero heroico". Alberto Korda. 1960.


Pocas fotos en la historia se han convertido en icono y símbolo tan universalmente reconocido como ésta de Ernesto "Che" Guevara vestido de guerrillero. Guste o no guste. Quiero decir, se le ame o se le odie o se le ignore. Que ahí no entro. Pero es lo que hay. Cuántos millones habrá movido esta imagen en camisetas, posters, mecheritos, telas, portadas de libros, muñequeras, cintas, cajetillas de papel para liar, bolígrafos, pancartas, y un sinfín de objetos varios más. Probablemente el fotógrafo que la hizo no sospecharía en ese momento que su captura, afortunada y precisa, iba a pasar a la historia de la humanidad con mucha mayor fuerza que, incluso, su protagonista. Me explico: uno puede reconocer sin problema quién es este hombre de tanto haberlo visto por ahí impregnando todo tipo de objetos y en mil lugares y por la leyenda que se creó en torno a él. Otra cosa es que sepa de su vida más allá de lo que está en la historia al pie de calle, o del boca a boca. Y cuando me refiero a "saber más acerca de algo" no me refiero solo a haber leído más sobre el tema. Sino, y en esencia, interesarse por algo. Lo cual conduce indefectiblemente a una búsqueda. (La de la verdad, generalmente. Que esto ya es otro tema, porque yo no soy de las que creen que existe una única verdad.) Libros, ensayos, periódicos, conversaciones con otros que también están interesados, personas que vivieron su entorno, lo que sea que pueda hacer saber más....y finalmente, cuando ya tienes los suficientes datos para ello, la reflexión. Es decir: sacar tu propia conclusión.




Bien. Como yo soy de las del primer grupo en este caso, de las que apenas conozco nada de este hombre más allá de lo que la gran masa sabe y lo que leí en los libros de historia en EGB, no puedo hacer un comentario de la película en base a si los hechos reproducidos se corresponden con la verdad y no me veo muy capacitada para criticar o alabar el contenido histórico de la película. Pero sí puedo opinar sobre la película en sí. ¿Que me ha gustado? Digamos que sí. No enfatizo mucho porque a ratos se me volvía pelín lenta. El mismo sopor de la selva me envolvía a mí en ocasiones, pero lo salvaban los pequeños diálogos inconexos, esas pequeñas escenas de los ratos muertos, que nada aportan a la historia de la revolución cubana pero que intentan pintar a conciencia la personalidad del hombre que es protagonista. Y creo que lo consiguen. Como cuando el ché le exige a un guerrillero suyo (no seguir leyendo si no se ha visto la peli.....) que haga sus ejercicos de matemáticas a pesar de estar agotado. O cuando por fin acepta, admirado, la firme decisión de dos chavales de 15 años de unirse a su grupo. En la conversación con el guerrillero que se siente ofendido porque dice que Camilo le insulta cuando en realidad le llama "ventrílocuo". O al final de la peli cuando hace parar a uno de los suyos que pretende marchar hacia La Habana en un cochazo (robado) y le hace ver que eso no es lo que se pretende con la revolución. Y todo con esa seriedad y ese tono de voz calmado y grave que le caracteriza. Y oye, chico, a mí se me ponen los pelos de punta. Independientemente de que este hombre fuera de verdad así o no...se me ponen los pelos de punta. El Del Toro es un fiera interpretando. Y el hombre al que interpreta en la peli es un figura. Y por los documentos gráficos que están a la vista de todos, le ha clavado, joder. Su forma de mirar, su forma de fumar, sus posturas pensativas...

Sin duda lo mejor de la película es Benicio del Toro. Aunque yo haría también mención a unos cuantos actores más, Jorge Perugorría que no dice una palabra pero su silenciosa presencia acompañando al ché no pasa desapercibida, Santiago Cabrera en el papel de Camilo Cienfuegos, y un Unax Ugalde que me ha gustado mucho en su papel de secundario.

La interpretación de Fidel era excesivamente teatral y demasiado estudiada, sin mucho espacio para la aportación personal, pelín exagerada. Vamos, que me entraba la risa cada vez que salía.

Y la forma de contar la historia, que tendrá su nombrecito en el lenguaje cinematográfico, me aturdía un poco, la verdad. Y las más de las ocasiones no entendía lo que decían.

Pero Dios...con ver a Benicio, al ché, no, a Benicio, bueno quien sea...me bastaba.

Qué-hom-bre!!

Qué porte, qué talle, qué voz, qué mirada, qué puuuros se fumaba el tío siendo un asmático perdido, qué temple, qué carácter, qué presencia, qué....arf, arf...ya paro, ya paro que se me va la olla. Que intento hacer un comentario aséptico de la película y termino echandole los tejos al prota.
No tengo remedio.


Por eso nunca podría ser crítica de cine.
Bueno, por eso y porque no sé de cine. Básicamente.


Que ustedes la (le) disfruten.


Página oficial de la película: http://www.cheelargentino.com/
Foto del cartel (incluye comentario de la película, no tan gilipollas como el mío): http://www.laoffoffcritica.com/criticas/critica_cheelargentino.html
El sueño del ché, de Alvaro Otero. (Otra forma de ver las cosas): http://www.clubcultura.com/diario/dentro.php?entrada=2280