
Y hasta donde yo llego, no es una curiosidad ni una avidez de cristiana, católica, ex-católica, apóstata, creyente, no creyente, agnóstica, o lo que quiera que yo sea.
Es una curiosidad de... humana.
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Cuando ví en la tele el anuncio de Heineken en el que unas mujeres se volvían histéricas de alegría al descubrir el inmenso vestidor que su amiga se había construido en su nueva casa, me sentí totalmente comprendida!!
Las tres cosas que no faltarán en mi futura casa son: un vestidor gigante, una terraza preciosa llena de plantas y de románticos bancos de madera (o un jardín boscoso en su defecto) y una biblioteca repleta de libros que cubra varias paredes. Además, también quiero un cuarto de baño grande con bañera (sin bañera, no hay trato), pasillos interminables, suelos de madera, de esa de casa antigua, que chirria al pisar, y techos altos, muy altos. Unos ventanales que lleguen al suelo, por donde el sol entre a raudales, y muchas, muchas plantas.
(Tengo una amiga que dice que ella renunciaría al vestidor por la biblioteca, pero no le doy mucho crédito, lee dentro de poco su tesis sobre “Diseño de packing y filosofía Kansai” y sospecho que está algo trastornada.)
Claro que he calculado que para ello tendré que hacer 15 guardias al mes durante 20 años, invertir en bolsa, comprar unas cuantas acciones y consultar con una medium el número premiado de la bonoloto con bote, por si todo lo anterior no es suficiente. O en su defecto apuntarme al casting de "¿Quién quiere ser millonario?"
Mientras tanto, siempre nos quedará...la cerveza. Y los anuncios de cerveza.





Menos mal que este año el señor Corbacho sólo paseó su buscada horterez de trajes imposibles y chistes de mal gusto en un único sketch. El resto del tiempo, fue esa gran actriz, Carmen Machi, quien intentó, sin conseguirlo, poner algo de sensatez en una ceremonia que está maldita por no sé qué designios maléficos.
Y ese Benicio,al que no dejaban de echar piropos como si no hubiera otro actor más guapo y mejor, que como che no tiene precio, pero que parecía alelado cuando subió a decir su discurso, me dejó patidifusa. Algo que me inspiró un sentimiento tipo: “tío, estás buenísimo, pero la has jodido al hablar. Estoooooo.....me voy al baño, sabes? es que no me aguanto.”, típica excusa para librarte del tipico pelmazo de la fiesta. Dios mío, cuántos mitos se caen en cuanto hablan. Y dicen que los actores son intelectuales...
Parece que siempre tiene el trasero escocido y su expresividad al leer un papel es parecida a la de un pato con gripe mirando un cuadro. Pero a ella se lo vamos a perdonar. Carece de la maravillosa cualidad de la “interpretación”, puesto que no es actriiiiiz.
Aunque hoy vengo hiperactiva (se me pasará pronto). Por eso escribo. Son las 23:00h y acabo de llegar del hospital. 14 horas non-stop en un quirófano hacen que o te vuelvas una zombie o te vuelvas hiperactiva. El equipo es estupendo. Todo ha salido bien.
Pero bueno, salvando las distancias y la broma, la cosa es que, la verdad, hablamos mas bien poco y mal. Se nos está olvidando esta preciosa lengua que es la española (y a la que a mí, personalmente, y no sé si equivocadamente me gusta llamar: el castellano).