meta name='verify-v1' content='pwiMUB28RJ4hiCr1EXENhHkHqJz4luG0BcIKSmW7UJk=' /> penelope en el paraiso

martes, 15 de septiembre de 2009

EL SUEÑO MAS DULCE




Doris Lessing nos introduce en el ambiente la Gran Bretaña de los 60, del movimiento político-cultural que agitaba medio mundo, o el mundo entero, en esa época. La marihuana, la idea de libertad, al antifascismo por bandera, la incipiente revolución sexual, el comienzo del feminismo, la demonización de todo lo que oliera a burgués y la románticas ideas de unos jóvenes que se posicionaban en contra de todos los valores establecidos hasta entonces por sus padres, sus abuelos y el status quo imperante.

Lo hace sin restricciones mentales, sin recelo, sin acritud, con sinceridad, con ternura incluso, como testigo de una época que se agotó asímisma en las incongruencias, en las falsas expectativas, en las mismas ambiciones y deseos de poder que estos mismos jóvenes habían criticado a gritos en manifestaciones, en reuniones, en mitines llenos de energía y de esperanza y que años después ocuparían los mismos cargos burgueses e imperialistas que habían criticado.
Olía a revolución. Vestían para la revolución. Soñaban con la revolución que cambiaría el mundo.





La novela abarca un periodo largo, quizá 30 o 40 años. Los jóvenes que viven en la casa de Frances (a costa de Frances), sus hijos y los amigos de sus hijos, no quieren trabajar, ni estudiar, ni se ganan un sueldo para comer. Se marchan de las casas de sus padres y ocupan, literalmente, la de Frances. Hablan del futuro, se reúnen, hacen mitines, fuman, y levantan el puño en alto ensalzando una romántica idea del comunismo. Son jóvenes a los que les frecuentemente les gusta robar, porque así creen minar los cimientos del capitalismo. El insulto más reiterado en esa época es “fascista”, o “reaccionario".

Me resulta significativo lo que describe Julia, la madre anciana (reaccionaria, conservadora y burguesa de nacimiento, que había vivido y sufrido las dos guerras mundiales) del famoso y asertivo Jonnhy Lennox, un vudú, un líder nato de aquella época, un defensor a muerte del comunismo, cuando va a escucharle a un mitin lleno de jóvenes contra la guerra del Vietnam: “Allí arriba se encontraba Johnny, y Geoffrey, cuyo rostro limpio y compuesto conocía muy bien, si bien ahora llevaba una cabellera de vikingo, estaba de pie con las piernas abiertas, lanzando puñetazos al aire con la mano derecha, como si apuñalara a alguien, y asentía con sonrisas a lo que decía Johnny, que era una nueva versión de lo que Julia había oído tantas veces: el imperialismo americano…, rugidos de aprobación; el complejo industrial militar…, gruñidos y abucheos, siervos, chacales, explotadores, vendidos, fascistas. Apenas se distinguía una palabra, porque las ovaciones eran atronadoras….Sobre la plataforma había un montón de gente. Todas las caras estaban radiantes, llenas de presunción, suficiencia y triunfalismo. Qué bien conocía aquellos gestos, y cuánto la asustaban. Se pavoneaban en lo alto del escenario, iluminados por potentes focos, desgranando frases que ella invariablemente adivinaba antes de que salieran de sus bocas. Y el público componía una unidad, un todo, una masa capaz de matar o provocar disturbios, y ardía…Sí, de odio”.

No es una novela que ensalce ni critique la revolución política que se produjo en esa época ni los comportamientos de los protagonistas que la blandieron. Simplemente habla, cuenta, desgrana las fisuras, las contradicciones, los logros y y los desaciertos de unos años que marcaron época.





Los años del Gran Sueño que la izquierda forjara un día.



Del sueño más dulce.

domingo, 13 de septiembre de 2009

UN LUGAR EN EL MUNDO

Este es el spot de Estrella damn que todos habreis visto (reducido) en la tele. Es Formentera. Sí. La isla mágica. Mi isla.
Mucha gente la desconoce, o simplemente, nunca la tiene en el pensamiento. Me preguntan: "qué tal te ha ido entonces por las Canarias? No, no me fui a Fuerteventura. Me fui a a Formentera como te dije...".



La descubrí hace 3 años y desde entonces se grabó a fuego en mi corazón, a base de noches límpidas y estrelladas, sabinas centenarias, silencios mágicos, calas sobrecogedoras y las puestas de sol...esas puestas de sol...casi místicas.



Si hay un lugar en el mundo para cada persona, este, puede que sea el mío.



Fantaseo frecuentemente con irme a vivir allí, encerrarme (abrirme) a su misterio, su magia, su energía liberadora.

Formentera no es para todo el mundo.
Hay quién no encontrará allí más que una tranquilidad pasmosa, muchas lagartijas y un paisaje algo árido, lejos de la frondosidad de otras islas.

Hay quien no podrá recibir su regalo.
Hay quien ya no podrá olvidarla.

El spot está muy bien, siempre que uno no piense que cuando llegue se encontrará inevitablemente con dos modelos impresionantes dispuestas(os) a adoptarte por unos días y con las(los) que podrás tener una aventura bohemia y pasajera.

Por poder, se puede. Allí casi todo el mundo está abierto a la magia: se contagia de forma inevitable.


Pero el cine es el cine. Y la vida real, otra cosa.





No obstante, no es imprescindible estar tan bien acompañado.

La isla es, por ella misma, la mejor de las aventuras. Si me lo permitís,y si uno se lo permite,diría que hasta un viaje iniciático...






Fotos: cortesía de Carma, una amiga que conocí en mi viaje a Formentera en el 2008.

domingo, 6 de septiembre de 2009

ARENAS DE SOLEDAD



Esta canción siempre me ha puesto los pelos de punta. La escena de la separación de la pareja cuando ella se va de Cuba en un barcucho es demasiado para mí.

El tema y las escenas son de la película "Habana Blues".

Arenas de Soledad.
Las playas del mundo están llenas de esa arena.

Que disfruten del tema.

"Habana Blues", la pelicula.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

OH, CIELOS, TENGO LA NEVERA VACÍA!!


Me gusta convertir las cosas que hago en un placer. Al menos, lo intento. Con las que de por sí son placenteras, no es ningún mérito. Pero con las que se suponen tediosas, o insignificantes, cuando al realizarlas disfruto, es todo un logro.

Pero hay una que no hay forma de lograr que sea un placer, ni tan siquiera pequeñito:


HACER "LA COMPRA".


(Entiendase la compra habitual necesaria para la vida: tomates, huevos, leche...etc,etc...)


Los supermercados me resultan sitios deprimentes con luces más bien asépticas, donde se está porque hay que estar porque si no, te mueres de hambre, pero que, si pudiera,no pisaría ni por todo el oro del mundo. Supongo que me quejo de vicio: hace años había que criar durante meses al cerdo y luego matarlo, si querias comer. Y era todo un acontecimiento social. Y mucho antes, al mamut. (Bueno, a ese no había que criarlo, solo ir a buscarlo, lo que suponía meses de preparativos para los cazadores y la vuelta con la presa era la mayor fiesta de la tribu). Antes se criaban gallinas, y se recogían los huevos cada día, y cada huevo era un pequeño tesoro. Las huertas se cuidaban con esmero y con cariño, y comer las judías que plantaste en el otoño sabía a gloria. Había que hacer el pan uno mismo, y los cocidos en la olla de barro duraban horas, y la casa olia a gloria.


Ahora lo tenemos todo a mano. Absolutamente todo lo que queramos.


El cerdo, envasado al vacío. Los huevos por centenares, de gallinas amontonadas y casi asfixiadas desde que nacen hasta que mueren. El cocido, enlatado; las frutas, formas insulsas criadas en invernaderos.


Obviamente nuestra vida, ahora, es más fácil. Además, para los que no tenemos tiempo de hacer cocidos "de los de verdad", la vida se nos ha simplificado.


Pero se ha perdido la esencia. El proceso. El disfrute.
Ir a comprar se me ha convertido en una tortura que intento hacer lo más rápidamente posible porque, realmente, disfruto más bien poquito. Y me da rabia, porque es una de las partes más importantes, necesarias, y omnipresentes de nuestra vida.


Como dice el gran José Mota: "las gallinas que entran, por las que salen".

O "lo uno por lo otro"

O bien: Es el precio que se paga por los adelantos sociales y tecnológicos. Que hay niños que no saben que la leche sale de una vaca, y no necesariamente de un tetra-brik.


En una de estas me uno a una comunidad hippie y me pongo a criar gallinas y a plantar mis propios espárragos.


En una de estas.



martes, 1 de septiembre de 2009

UNA HABITACION DE HOSPITAL


La oscuridad me arropaba como una madre, y aunque la habitación era desoladora (una vieja cama de hospital maltrecha por los años, dos toallas limpias a sus pies, un aparador triste lleno de papeles emborrononados y algún bolígrafo olvidado ya sin tinta, una lámpara de aluminio rota reparada con esparadrapo, paredes descorchadas y una rejilla justo encima del espinazo por donde salía una aire helador), tuve todavía un rato para acurrucarme entre las sábanas y taparme con 3 viejas mantas de lana que llevaban bordado el logotipo del hospital. Eran las 4 de la mañana. Desde fuera llegaban los sonidos de las enfermeras que transitaban por el pasillo, las alarmas de los monitores y ruidos inconexos varios que no lograba identificar. En la paz relativa de ese mi agujero personal por esa noche, logré relajarme por fin unos momentos, aflojar los músculos, cerrar los ojos y dejarme llevar.

Y de pronto sentí.
Súbitamente.

Unas inmensas ganas de llorar, una soledad abrumadora, emociones retenidas, la sensación de no saber hacia dónde iba mi vida o de dónde quería que fuera.
Lloré como hacía tiempo que no lo hacía, a borbotones, rezando para que la enfermera no llamara a mi puerta en ese momento para interrumpir ese estado sagrado en el que el hombre conecta a veces consigo mismo, en el que se le permite flaquear y dejar la rigidez a un lado, en el que afloran a la conciencia, y a los ojos emociones bien guardadas durante el día cuando las fuerzas te mantienen alerta y en lucha.
No sé muy bien por qué lloré. Pero sé que me hizo mucho bien.
Creo que me quedé dormida después.

Hasta que sonó la puerta y me levanté desorientada. “Clara ha vomitado 2 veces, le pongo un zofrán?”. “Sí, pónselo”. “Eduardo sigue nervioso a pesar del haloperidol, te lo digo por si su enfermera viene luego” “De acuerdo, si no se calma, que me llame. Alguna otra cosa?”. “No, todo está bastante tranquilo”. “Gracias”.

Acto seguido fui al baño y al encender la luz me vi en el espejo. Menudo susto.
Llevaba el rímel corrido, unas ojeras hasta Cuenca, y el pelo revuelto. “Si no se ha infartado al verme, es que es de piedra”.

Me volví a la cama y me quedé profundamente dormida.

Había que reponer fuerzas.
Que a las 9 era el pase de guardia.

Y 20 pacientes críticos que contar.

martes, 18 de agosto de 2009

LA ELEGANCIA DE MURIEL (O CÓMO SOBREVIVIR A UN BEST-SELLER)




DE UN PASILLO A LAS CALLES

"¿Qué guerra es esta que combatimos,
seguros de nuestra derrota?

Aurora tras aurora,
extenuados ya de todas las batallas que aún están por venir,
nos acompaña el espanto del día a día,
ese pasillo sin fin que, en las horas postreras,
será nuestro destino por haberlo recorrido tantas veces.

Sí, angel mío, así es el día a día: tedioso, vacío

y anegado en desdicha.

Las calles del infierno no le son en nada ajenas;
Uno acaba allí un buen día
por haber permanecido
en ese pasillo demasiado tiempo.

De un pasillo a las calles:
entonces
acomete la caída,
sin sacudidas ni sopresas.

Cada día
volvemos a experimentar la tristeza del pasillo
y, paso tras paso,
seguimos el camino de nuestra lúgubre condena.

¿Vió él las calles?
¿Cómo se nace después de haber caído?
¿Qué pupilas nuevas sobre ojos calcinados?
¿Dónde empieza la guerra y dónde cesa el combate?


Entonces, una camelia. "






Cada cual hace la crítica de un libro a su manera. Yo lo hago de ésta: con el apartado 14 del capítulo "Paloma" del libro "La elegancia del erizo". Me he permitido la licencia de darle estructura visual de verso, aunque el capítulo original está escrito en forma de prosa, con frases concatenadas y puntos y seguido. Y lo he hecho así porque así lo veía mientras lo leía.
Como un poema. Precioso, además.


Es cierto que tenía mis reticencias y resistencias a la lectura de este libro por haber sido un boom editorial y poseer un, siempre sospechoso, fenotipo de best-seller. Y ya saben mi fobia a estos ejemplares. Yo, que me quedé sin leer "La sombra del viento" o "El código Da Vinci"...


Pues bien, me decidí a comprarlo y me decidí a leerlo.


¿Me ha gustado? Sí, me ha gustado. A momentos, me ha emocionado. Aunque los personajes son, en ocasiones, y como le han criticado a la autora, personajes difícilmente creíbles, pedantes, excéntricos, yo me pregunto: por qué ese empeño en querer que todo sea como nos imaginamos que tiene que ser?


Para eso es una novela: para volar. Para escribir lo que te dé la gana, que para eso es tu novela, y para construir los personajes lo locos o excéntricos que te apetezca que sean. Porque puede ser que sí, que sea dificilmente imaginable una portera que sabe de filosofía, de música, de literatura y de cine (y todo eso a la vez) más que un catedrático de filosofía, un crítico de cine o un sesudo profesor de literatura (y todos ellos, a la vez), o una mocosilla entrañable de 12 años que habla de Kant, de Platón o de Ronsard como los simples mortales hablamos de ropas, del supermercado o de lo barato que me ha salido un billetito a dublín-fíjate-tú. Pero fuera de estas consideraciones, creo que son personajes bien construídos y consistentes, que es lo que se puede criticar a un escritor cuando adolece de ello.

La voz narrativa es en primera persona y en forma de diario doble y simultaneo, lo cual le confiere un aire intimista y aunque no se puede decir que sea original (grandes novelas fueron escritas en forma de diarios o cartas), sí se sale un poco de la estructura narrativa de las novelas actuales. Pero una siente también, en su fuero más interno (que en ocasiones peca de malpensante) si no será una argucia editorial pro-ventas planeada antes de ser escrita, el hecho de que los capítulos sean escuetos, cortos, proclives a ser leídos fácilmente en los asientos de un metro. Proporcionan al lector no asiduo a leer el alivio de la interrupción, la ilusión de la facilidad.

Con eso y con todo, tiende uno a leerlo de un tirón.

Eso sí, me parece fascinante que se pueda crear una novela éxito de ventas (y en general, cualquier novela) que transcurra en el (no tan siempre) simple marco de un edificio de viviendas. Todo ocurre en unos cuantos (bastantes si tenemos la consideración de que es un edificio de "ricos") metros cuadrados; pero sobre todo en la cabeza y en el corazón de las protagonistas. Y la cabeza, el corazón y el alma son los parajes más extensos que nos podamos imaginar, si se sabe explorarlos con interés

Reconozco que me priva su forma de escribir: está llena de ocurrencias afortunadas, giros ingeniosos, frases hiladas con precisión e imaginación, amenidad, ternura, y ascendencia. Y en ocasiones, poesía. Otras, sesudas reflexiones filósofo-psicoanalíticas, remakes siempre de libros ya escritos, de cosas ya dichas, y aun así, o por eso mismo, eternas. Uno tiene la sensación de ir "in crescendo" hasta que casi le falta el aire en el penúltimo capítulo.

Y hete aquí la caída. La traición (de la autora). La obstaculización de la consumación de la felicidad que todos esperamos. Un final así es perfectamente posible. Pero frustante. Creo que todos maldecimos un poquito a Muriel Burberry al llegar al capítulo final. Pero, finalmente, como digo, es su novela y puede hacer lo que quiera. Aunque ¿veo en este final (¿será envidia mezquina mis proximas palabras?) una incapacidad para cerrar con la misma tensión y belleza que ha logrado hasta este momento, una historia que se perfilaba de final sublime con violines y camelias quedandose en final que busca impactar a la manera de las pelis americanas??

Por cierto: en menos de 2 años de su publicación se ha comenzado a hacer una versión cinematográfica del libro. Tendrá qué ver?? ¿Tiene todo que ver con la rentabilidad? ¿O con la verdadera literatura?.


Hay por tanto, sentimientos encontrados tras leer "La elegancia del erizo". Algunos de ellos no soy capaz de descifrarlos todavía. Tengo la terrible sensación de que es un libro bello que ha sido "diseñado" para ser un éxito editorial.


A pesar de lo cual Muriel Barbery pasa el trago de forma muy elegante.






Imagen: foto de una camelia y del libro extraída de la red

martes, 11 de agosto de 2009

"INSOLACIÓN"

Pradera de San Isidro en el siglo XIX


35 graditos a la sombra, lo que significa unos cuantos más al sol. Desidia, astenia, anorexia, y me falta la vida por dios, me duelen todos los músculos de mi cuerpecito. Y eso que a mi me gustan los calores...pero esto...esto no es vida. Tumbada en mi sofá, me pierdo. Me pierdo entre las páginas de libros que se amontonan en la librería, quizá tan asténicos y agotados como yo.


A Asís Taboada, viuda de Andrade, le "agarra" una "insolación" cuando se va con Diego Pacheco a la pradera de San Isidro a festejar, bastante clandestinamente, la festividad del Santo. Lo que para nosotros es tan natural, salir una tarde con un chico que te gusta, tomar algo al aire libre, bromear, sonreir, disfrutar, sin que, necesariamente tenga que haber nada más, en el siglo XIX ,en el Madrid del siglo XIX es, casi, un pecado. La historia en sí, no tiene nada de especial ni de escabroso, excepto si miramos que tiene lugar en un país y en una época en los que se miraban con lupa las relaciones y en los que predominaba la hipocresía y una moral sexual hacia las mujeres, férrea, cerrada y condenatoria por naturaleza. La protagonista se siente culpabilísima de sentirse atraída por Pacheco y de disfrutar de quedar con él, pero a la vez no puede escapar al hechizo de ese don juan de pacotilla, un truhán, un pillo guapo, un perezoso, ignorante y sensual, en opinión del comandante Gabriel Pardo, otro de los personajes.


La "Insolación" a la que hace referencia el título del libro de Emilia Pardo Bazán no es sólo el conjunto de signos y síntomas físicos que sufre la viuda de Andrade tras su primera salida con el guapo gaditano, representa también simbólicamente, los escrúpulos, la culpabilidad, la ansiedad de una mujer que se siente juzgada por la sociedad y por sí misma.


La Pardo Bazán se atrevió a contarlo, y en cierto modo, a criticar esa moral de doble rasero que condenaba a una mujer que se atrevía a disfrutar de sus deseos y su sexualidad. (Y que enaltecía sin embargo al macho que así actuaba). Algo que todavía hoy sucede, aunque a una escala notablemente menor.


Sin embargo, el final me ha dejado trastornada. ¡¡¡El gaditano le pide casarse despues de su primera noche juntos!!! Perdón, pero no me lo creo. Claro que todo puede ser, pero un don juan como el Pacheco, tras 5 días de guerreras argucias masculinas para conseguirla...no sé. ¿¿Que era amor de verdad?? O yo soy mu desconfiada o la Pardo Bazán se cubrió las espaldas y escribió un final "dentro de la moralidad". Pelín decepcionante. Eso, se lo dejo a los entendidos.


Lo que me encanta de estas novelas y que es casi tan interesante (en este caso, para mí, más interesante) que la historia misma, es la deliciosa descripción de la sociedad de la época, en este caso la ciudad de Madrid en el siglo XIX, las costumbres, las formas de hablar, las vestimentas que llevaban, cómo celebraban las fiestas, qué comían, qué utensilios utilizaban, cómo eran las calles entonces, los transportes, cómo era esta ciudad y cómo se respiraba.


Qué lejos ha quedado la villa y corte de entonces y cómo me hubiera gustado conocerla!!. Si pudiera hacer realidad un deseo, siempre lo he pensado, uno sería sin dudarlo, un viaje en el tiempo. A la Edad Media y a mi adorado Madrid en varios de sus momentos históricos. (Los otros no se los cuento).


Mientras tanto...nos quedarán los libros. Y el calor.
El calor este que abrasa los sesos.