meta name='verify-v1' content='pwiMUB28RJ4hiCr1EXENhHkHqJz4luG0BcIKSmW7UJk=' /> penelope en el paraiso

miércoles, 1 de agosto de 2012

EL GRAN GATSBY (O de cómo la fútil moda lleva a la literatura)




Los locos veinte, la moda del fox-trot, el jazz y el bob-cut. La elegancia, la alegría. La despreocupación. Los ...preciosos, preciosisimos atuendos que se llevaban en esa época y la decoración art decó propia de esos años es lo que (sí, lo confieso) me ha llevado hasta "El Gran Gatsby" (F.S.Fitzgerald, 1925) novela ambientada en New York en 1922 y que (dicen) retrata maravillosamente el espíritu de una época.
Y de paso, y como no podía ser de otra forma, me ha llevado también a Hemingway, Steinbeck, Faulkner, Dos Passos....en fin. ¿Cómo lo llaman? Asociación de ideas, creo...
Me fascina leer por temas, y como todo en la vida, la cosa es empezar algo y por el impulso que sea; se comienza interesándose una por las faldas de flecos de las flappers....y se termina con unas ganas inmensas de sumergirse en la "generación perdida", grupo de escritores de principios del siglo XX cuyo nombre se debe a una dama llamada Gertrude Stein, que, a mí, que no la conozco, me cae especialmente gorda.

A priori y si uno se queda en la superficie, El Gran Gatsby (considerada como un"clásico intemporal, una de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX") puede parecer sólo una novelica fácil de leer, sin mucha miga y con un dramatismo algo artificioso. Sí, lo confieso. También a mí me lo pareció tras cerrar la última hoja.
Pero...me puse a escribir este post y conforme iba desgranado mi pensamiento, analizando la sociedad a la que hace referencia, comencé a verla desde otra perspectiva.

Al principio, la afirmación de que esta novela es "el retrato más preciso de la Era del Jazz", como reza el prólogo de la edición Paréntesis que yo leí, me pareció algo exagerado. La locura de idas y venidas, fiestas locas, el champán corriendo a raudales, toda la gente ociosa con todo el tiempo del mundo, sin oficio ni beneficio pero con mucha guita...y la que ha montado el protagonista en su vida solo para llamar la atención de la chica...oye, qué quieres que te diga, lo que parece es novelero, nada más. Si nos atenemos a los tópicos España también está llena de flamencas bailando por las calles y todos sabemos de toros y somos los primos ricos de los mexicanitos de las películas según el imaginario colectivo americano.

Que esa época fue o mejor dicho, parecía ser, una buena época para América nadie lo pone en duda. Que se progresó de manera exponencial en la industria, apareciendo la producción en cadena e influyendo notablemente en la creación de puestos de trabajo, en la auto-confianza ciega nacional que eso mismo generaba, sí. Que se popularizó lo que actualmente llamamos caseramente "salir de juerga", las faldas cortas, el alcohol, la radio, la música, el uso de electrodomésticos y coche no solo por lo ricos sino por la clase media y que se pusieron en marcha toda aquellas cosas (buenas y no tan buenas) que han hecho de esta sociedad la que es hoy, por supuesto. Que el protagonista es el paradigma de cómo un hombre podía llegar a enriquecerse en América si se lo proponía, también.

Pero no nos olvidemos que "algo olía a podrido en los EEUU" y que se puso de manifiesto sin piedad en 1929.
Ninguna sociedad hasta el momento puede enriquecerse tan rápido sin pagar un precio por ello.
Se abogaba por el triunfo del esfuerzo como camino a la riqueza, pero paradójicamente muchas veces el enriquecimiento no venía de causas tan loables como el esfuerzo sino de caminos que justamente significaban lo contrario: el dinero fácil, como el simple hecho de la compra de acciones por prácticamente cualquier miembro de la sociedad (con los préstamos, claro está ,de los agentes de bolsa que a su vez pedían prestado a los bancos, ayudando así a crear una burbuja especulativa que les estallaría como una bomba), o de asuntos, digamos algo turbios como el tráfico de alcohol, o en algunos casos era solo algo ilusorio: una familia media que de pronto veía que le habían subido el sueldo al hombre de la casa e inmersos en el fervor colectivo de triunfo de un país y sin querer perderse su trozo de pastel se lanzaban a comprar a plazos y mediante créditos, con el dinero que no tenían, todo aquello que se creían que tenían derecho a tener, endeudándose hasta las trancas por el camino.

Y por favor, no nos olvidemos de "la otra América". Siempre hay otra América. Siempre hay otro lugar que no es tan popular, en todas partes. Me estoy refiriendo a todas esas personas que no lo pasaban tan bien, y no solo hablo de la clase media-baja, la que estaba tan al límite que incluso con la venta a plazos no se podía comprar el popularísimo Ford T y llegaba justa a fin de mes, sino en los que emigraban a las ciudades porque se comían los mocos en el campo, o los que venían de allende los mares al reclamo del "American Way of Life". Hablo de los suburbios de las ciudades, hablo del bajo-mundo de la inmigración, hablo de los pueblos miserables del Mid-West.
Pero vamos a ver: que el paro se situó en un 3 y pico % la cifra más baja de la historia de América está muy bien. Pero hay que leer al revés los datos si queremos de verdad ver la realidad hasta los rincones: ese 3 y pico % de paro (un éxito a todas luces de las estadísticas) suponía...13 millones de parados. Que se dice pronto.
13 millones de personas en el país más exitoso del mundo las pasaban canutas para echarse a dormir por la noche con el estómago lleno. 13 millones de personas que ni remotamente hubieran podido acceder ni a años luz de distancia al fantástico (y vacío) mundo de lujo y despreocupación que se nos ofrece en esta novela.
Con lo cual, a mí no me vale que se me diga que esta novela es el mejor retrato de la época de un país.
En honor a Fitzgerald, si consideramos los simbolismos que esta novela pudiera encerrar, es el pobre Wilson, el gasolinero, el que se acerca al retrato de "esa otra sociedad" a la que hago referencia, y es precisamente él el que "se come" con el corazón herido de un dolor insoportable, con la rabia y el rencor por bandera, el que destruye, en un ataque de desesperación, al hombre rico que le ha hecho daño. Sin embargo no es nada nuevo: que el rico usa al pobre y lo pisotea es una canción universal. Que el pobre necesita al rico a la vez que lo odia, también. Parece un personaje secundario, pero al final es el que cambia el destino de Gatsby (o igual su destino ya estaba marcado por el fatalismo), y es, por tanto, el símbolo de toda esa sociedad que está abajo. La que no puede acudir a las fiestas, la que oye la música desde la distancia, la que resiste con extremo esfuerzo cuando las cosas van bien y agoniza cuando las cosas van mal.
Pero se queda en eso, en un símbolo.

Otra cosa que me deja perpleja de continuo es la constante referencia en los anales de la Historia a la alegría de vivir, la falta aparente de preocupaciones, el entusiasmo reinante en el ambiente de la que todo el mundo habla cuando habla de esta época de los EEUU. Si quieren mi opinión, la imagen de la sociedad que se nos ha mostrado siempre no es, si la miras en profundidad, la de una sociedad alegre. Por Dios. Es la de una sociedad en huída. Una sociedad traumatizada por la guerra que ha conmocionado al mundo, por el sufrimiento vivido, que solo quiere borrar. Borrar y olvidarse, y este comportamiento frenético y vacío que impregnó estos años poco tiene que ver con el ejercicio de la verdadera alegría de vivir. La “felicidad” es una cosa bien distinta a este desenfreno reinante y a esa ansiedad del enriquecimiento rápido y del consumismo a cualquier costa que invadió los hogares de este país.
Y esta novela, que aparentemente trata de eso, de la felicidad, la despreocupación, la fiesta por bandera, el progreso por derecho en la escala social y que enfatiza mucho en todo este ritmo de vida, lleva implícito a su vez como la otra cara de la misma moneda todo eso a lo que me refiero: la falta de verdaderos valores, de verdadera satisfacción por vivir, de compromiso personal, de la innecesidad del esfuerzo por llegar a lo más alto.
Y eso lo ha hecho Fitzgerald con tanta sutileza que corre el riesgo de no ser visto a la primera lectura.
La facilidad de subir en el escalafón social parece estar a la orden del día en estos tiempos, pero la constante negativa de aceptación de Gatsby a ser considerado uno de ellos por parte de las "clases altas de toda la vida" es otra constante en esta novela de la cruda realidad de una sociedad en la que todo lo que se prometía no era verdad.

Quizá la luz verde que Gatsby ve todas las noches al otro lado del embarcadero, y que nace de la casa de Daysy, no sea sino la melancólica esperanza de un futuro mejor, que parece estar aquí, pero no llega nunca. (Podría pasarme horas hablando de la luz verde, pero no voy a matarles de aburrimiento)

Así, que mis queridos lectores (pero…¿hay alguien ahí?) para mí, los “felices 20” no fueron tan felices, sino solamente lo aparentaron. Ni todos eran tan felices, ni iban tan bien las cosas y el "sueño americano" se acabó de golpe un 24 de Octubre de 1929. Fecha en la que el lustroso jarrón de oro brillante de América se cayó al suelo rompiéndose y mostrando toda la porquería acumulada que llevaba dentro.


Por todo esto, esta novela significa mucho más por lo que no cuenta que por lo que cuenta, y corre el riesgo de ser considerada una novela dramatica sin más si uno no se para a descubrir los símbolos y significados que encierra y se queda solo en la superficie de una historia que habla de una sociedad que huele a perfume caro y licor del bueno, pero que guarda mucho polvo en las alacenas.

Pero parece ser que ha dado para rato El Gran Gatsby.




Las fotos del post son de diferentes webs sin copyrigth .
Los fotogramas pertencen a la versión de Jack Clyton, 1971, de "The Great Gatsby", para mí la única, la mejor y la que ya siempre pertenecerá a mi imaginario personal.
Gatsby es a Redford como Redford es a Gatsby...

domingo, 22 de abril de 2012

LA MUJER SIN CABEZA

De pie, incólume, como una estatua griega. Y con esa elegancia fría….mirándome desde esos ojos insertados en una cabeza inexistente….Allí estaba ella cada noche, a la misma hora, en el mismo sitio….como si hubiera estado allí desde tiempos inmemoriales…como una reina antigua.

Cada día más misteriosa, cada día más bella.

Nunca supe donde nació, ni cómo fueros los primeros años de su vida. Nunca supe cuántos años podía tener. Y nunca se me hubiera ocurrido preguntárselo.
Ella me esperaba cada noche, incansablemente, como un amante fiel.

Nunca me habló.
Pero al llegar y verla allí, sentía una poderosa fuerza que emanaba de su figura armoniosa, erguida y dura, de sus hombros rectos y su cuello bello, sin cabeza.
Despacio, delicadamente, ella así me lo pedía sin decirme nada, la abrigaba con mi americana de lino inglés colocándola sobre sus hombros, y con la suavidad de quién ama una antigüedad, le regalaba mi collar de perlas a su escote.
Después, ya desnuda, me dirigía al baño, y me relajaba en una bañera llena de espuma con olor a azahar.

El día en el trabajo había sido muy duro.
Los niños pedían la cena ya.

domingo, 25 de diciembre de 2011

ALGÚN DÍA





Por fin, una campaña de tráfico que no nos hace hundirnos en la miseria o que se nos encoja el alma.
Creo que con la positividad, se llega mucho, mucho más lejos.
La música, "Amazing Grace" es también increíble.


Felices Fiestas.
Y que lleguen allí donde quieran llegar.



http://www.lascancionesdelatele.com/2011/12/musica-anuncio-dgt-algun-dia-los.html


Amazing grace! How sweet the sound,
That saved a wretch like me!
I once was lost but now am found
Was blind, but now I see.

'Twas grace that taught my heart to fear,
And grace my fears relieved;
How precious did that grace appear
The hour I first believed!

Through many dangers, toils, and snares,
We have already come;
'Tis grace hath brought me safe thus far,
And grace will lead me home.

The Lord has promised good to me,
His word my hope secures;
He will my shield and portion be
As long as life endures.

Yes, when this flesh and heart shall fail,
And mortal life shall cease,
I shall possess, within the veil,
A life of joy and peace.

The earth shall soon dissolve like snow,
The sun forbear to shine;
But God, who called me here below,
Will be forever mine.

John Newton, Himnos de Olney

sábado, 5 de noviembre de 2011

INTERRUPTUS


Hace tanto tiempo que no entro en este blog que casi se me había olvidado la contraseña.
Las contraseñas son como pequeñas marcas que nos grabamos en las neuronas a hierro candente. Y que aunque están ahí, en ocasiones no las encuentras. Como el típico día que vas al cajero y te has quedado en blanco: "Mecachisenlamar....pero si esta contraseña la llevo usando 5 años!". Y, o entras en pánico, o te vas a tomar unos churros con chocolate, que no hay mejor cosa que dejar de pensar en algo que no recuerdas para que te venga a la cabeza. La teoría del pensamiento interruptus oxigenante. Suele funcionar.
En fin, como decía el amigo Freud: "Las interrupciones son buenas". Ejem, depende de en qué contexto, pero, por lo general, creo que es verdad.

No sé si habrá sido buena la interrupción de más de un año de sequía que ha sufrido este blog. Eso, como todo, se suele ver a posteriori. Ni sé tampoco si ahora regresará la estación lluviosa. Sea como fuere, en los campos llueve de verdad y el otoño ha comenzado a hacer de las suyas, tal vez tenga algo que ver.

Siento que empiezo a escribir en soledad. Pero me apetece que así sea. Querría escribir sólo para mí; sin embargo, esa parte vanidosa de resultar leída por otros, de que lo que escribes cobre vida (y no hay vida sin "los otros") se entremezcla con el pudor de escribir cosas que no tengo ganas de que nadie lea. Mostrar mi intimidad o limitarme a inventar historias. El eterno dilema. Y en alguien tan paradójico y contradictorio como yo, esos dilemas están a la orden del día.
Porque yo no sé escribir de otra cosa que no sea yo. Esa es la cuestión. Todo en mis escritos queda impregnado de mí: de mis emociones, de mi estado de ánimo, de mis miedos, de mis aspiraciones. De mi, de mí, de mí. Si hablo del tiempo, hablo de mí. Si hablo de una película, hablo de mí. Si hablo de mi vecina, hablo de mí. Hasta si hablo de tí, hablo de mí.

Pero eso: no es lo que ocurre siempre? Cómo alguien va a abandonar su cuerpo, su mente, su ser, para hablar desde otro lugar que no sea EL?

Afuera llueve. Y los campos de viñas están apagados. El aire sopla diferente, está agresivo, como enfadado. Y la soledad de la estepa manchega, impone.
Aquí, el horizonte cobra toda la grandeza de su significado. En Madrid no veía horizontes (y no es simbólico, aunque también). Aquí, todo es horizonte. Horizontalidad es la palabra (ahora se me ocurre pensar que "horizonte" deriva de "horizontalidad", tontería o realidad?). Llanuras inmensas y desagarradoras. El cielo y la tierra bien definidos, separados y condenados a la vez,a estar siempre juntos.
Y la lluvia que no solo inunda la tierra sino también las almas.

¿Cómo no voy a sentir ganas de escribir?


Imagen: Viñas en Otoño. 1957. Óleo-Tabla, 33.4 X 38,7 cm. Antonio López Torres. Museo Antonio López Torres. Tomelloso (Ciudad Real).

domingo, 28 de agosto de 2011

EL CIELO DE LA MANCHA



No lo digo yo...lo dice ella. Y me suscribo.

Tomelloso.-Angela Vallvey

sábado, 14 de agosto de 2010

BAR DE CARRETERA


Aquél mediodía de sol irreverente y dificultad de caminar sin la protección una sombra protectora, llegó. Con su pequeño nuevo coche flamante se acercó a una especie de restaurante perdido en un punto inconcreto de una carretera desolada, en medio de ningún lugar. Aquél sitio tendría un nombre, pero no lo encontró y no creo que importara mucho.
Cuando apagó el motor se dio cuenta de que incluso en un lugar como aquél el silencio es una fantasía esquiva, aunque a a veces adopte formas sonoras y lo sigamos llamando silencio. En forma de cigarras, grillos, cientos, miles, era ensordecedor el silencio de aquél lugar. Y provocaba respeto. Ni una hoja se movía de los pesados chaparrales olvidados que habían logrado quedarse a fuerza de sacrificio y amor a la vida sin concesiones.
Logró caminar sin desmayarse los doscientos metros que la separaban de su mundo de aire acondicionado y música de radio cuarenta y aquél otro de tiempo detenido, olor a aceite revenido y palillos en las bocas desdentadas.
Sintió como las conversaciones se detenían bruscamente mientras todos los ojos se volvían hacia ella con una fijación poderosa, insolente, furiosa. En su piel se clavaban las miradas, los deseos, la curiosidad y las soledades de aquellos seres extraños y pasivos, sinuosos y envueltos en un aura de humo y olor a whisky doble.
Agradeció no haberse puesto pantalones cortos o minifalda aquella mañana. Para conducir eran más cómodos unos pantalones militares y una camiseta de tirantes.
Tenía dos opciones, o salir de allí pitando o llenar el estómago que desde hacía una hora la tenía mareada y de mal humor, y entonces se dio cuenta de que los deseos corporales son a veces más acuciantes y poderosos que todas las racionalidades de la mente humana.
No pudo degustar la comida. Se sentía incómoda, nauseosa, y el estómago revuelto por el calor, el desierto y las miradas.
Al entrar, había visto unas navajas albaceteñas en una estantería de cristales y pensó: "Puede que fuera bueno comprarme una; una de estas conmigo, en mi bolso".
No se libró de esos ojos inquisitivos en ningún momento, aunque al cabo de un buen rato, se habían calmado un poco, quizá por el acostumbramiento. Pero cualquier movimiento inesperado, ir al baño, abrir el bolso para sacar el paquete de tabaco, agacharse a rascarse el pie, eran seguidos con una curiosidad insospechada y como si ningún otro problema del mundo fuera más digno de interés.
Nadie conversaba ya. El locutor de la televisión había sido ignorado desde hacía tiempo y su voz monótona la acompañó durante la comida.
Logró acabarse a duras penas el gazpacho pasado, las albóndigas secas y la compota casera y despues de pagar,volvió, con cierta prisa, al coche. Todas las miradas la siguieron hasta el final. Sintió, una vez fuera, que respiraba algo mejor.

Se dirigió hacia el coche. Fue dejando detrás de sí unas manchas verdes pegajosas que formaban burbujitas al contacto con el asfalto. Un grave sonido gutural animal salió de su garganta antes de abrir la puerta del coche: "para vosotros". Cuando entró y se miró al espejo vio sus dos enormes ojos amarillos de pupilas filiformes y se quedó pensando que ya era hora de hacerse una revisión oftalmológica, ultimamente veía todo en colores de cuatro tonos de grises y no de siete, como habitualmente. Introdujo la enorme cola escamosa de un metro de largo que le nacía del coxis y que, como siempre, tenía que apoyar en el asiento contiguo para caber con comodidad y se arrancó dos escamas verdosas que se le estaban cayendo de su brazo derecho desde hacía unos días, al tiempo que encendía otro cigarrillo.
Acto seguido volvió a enchufar la radio y el aire acondicionado y salió pitando de aquél lugar tan raro.

Y allí sólo quedó el ensordecedor sonido de las chicharras, el sol cayendo a plomo, una televisión encendida y unos hombres en silencio, en un silencio más ensordecedor que el de los cantos de mil cigarras.

sábado, 29 de mayo de 2010

ADIOS,ADIOS



Hay momentos que no hay que utilizar para hacer cajas de embalaje o empezar a reorganizar todas las cosas que has guardado durante años en el hogar vivido. Aunque la prisa impone.
Hay momentos que son necesarios para respirar, para meditar, para acordarte y grabarlos en la memoria, para escribir cosas tan necesarias e importantes como la vida misma.
Por eso estoy escribiendo, a pesar de toda la vorágine que se me viene encima. Justo en el momento menos apropiado. O no.
Ayer tuvimos la fiesta de despedida de nuestro hospital. Somos "los mayores" y nos vamos. Nos toca irnos. Se acaba una etapa. Toca un cambio.

Ayer nos dieron un abrazo, en el más amplio sentido de la palabra. No me emocioné, porque la alegría y la buena onda me protegieron. Pero me emociono ahora, escribiendolo. No es efecto de la resaca, porque no la tengo. Ni del sentimentalismo, que aborrezco. Es porque ayer todos nuestros compañeros del hospital nos transmitieron a los "despedidos" un cariño y una delicadeza que nos llegó al alma. Debo reconocer que no soy muy fan de las celebraciones, las cenas con más de 3 comensales, o las despedidas. Y sin embargo,qué a gusto estuve.

Ayer me volví a mi casa con una varita mágica, una historia(dedicada)de Amélie Nothomb, un vídeo en el que todos éramos estrellas, y la posibilidad de una aventura extrema metida en una cajita de 10 x 10 cm. También me regalaron alegría, energía positiva, buen rollo y bastante dosis de cariño.
Todo eso, en un marco incomparable y a la a luz mágica de la luna llena.

Así que necesito escribirlo.
Las cajas, los traslados, la organización y las prisas de la vida cotidiana...pueden esperar.

Gracias.

Adiós, compañeros de guardias, recuerdos intensos, adjuntos que me enseñaron con cariño, coerres de fatigas, enfermeras, auxiliares, todos, momentos de gloria y momentos de fracaso, adiós a estos años duros, inciertos, bellos, estos 4 años de hospital de batalla, adiós a esas noches sin dormir, a las risas, a las lágrimas, a las personas que nos tocó cuidar, a los que nos cuidaron.

Adiós. Hasta pronto.

Hola, vida nueva.